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Archivo Histórico

Recupera más memoria

Domingo 02 de Enero de 2022
El club volvió a sumar otro documento de alto valor histórico emitido de manera oficial hace casi 80 años, gracias a una nueva donación de su gente que incluyó entre los ejemplares entregados el correspondiente a 1944, que no se encontraba en los anales de la institución. Otro gesto para aplaudir. 
Recupera más memoria
Los 200 kilómetros que separan a la localidad bonaerense de Alberti de Avellaneda nunca fueron un impedimento para que la familia Irurtia se acercara a su pasión. Y en este caso, menos que menos para su descendencia. Porque si el apego a los colores racinguistas formaba parte de un legado sustentado en base al amor que traspasó el devenir del tiempo y se hizo eco por varias generaciones, en la ocasión particular que se aproximaba lo único que resultaba imposible tanto para Cecilia como para Martín era no estar presentes aquella tarde en el Cilindro.

Habían pasado casi dos años desde la última vez en que el matrimonio se había trasladado desde su lugar de residencia hacia la casa racinguista para ver en acción a su equipo. En medio pasó nada más y nada menos que una pandemia sin precedentes a escala global como lo fue en su momento y lo es aún la del coronavirus, que obligó tanto a la nieta de Dionisio Irurtia -nacido en Chivilcoy en 1905 y luego profeta en la tierra de Alberti de su sentir académico- como a su marido, a su hijo y a su hija a quedarse en el pueblo que los había visto nacer y crecer. El regreso al Estadio Presidente Perón pasó a ser una ambición amparada en el sentimiento por el club y en la ilusión de regresar a ese lugar que siempre se había sentido tan propio como el suelo natal. Definitivamente no se trataba de una ocasión común y corriente.

El Torneo 2021 de la Liga de Fútbol Profesional llegaba a su fin y el equipo a cargo de Fernando Gago se jugaba el todo por el todo en su casa y ante su gente: nada más y nada menos que la chance del acceso a la Copa Sudamericana para la temporada siguiente, es una disputa mano a mano frente a varios rivales. Solamente un triunfo le aseguraría de manera directa el ingreso al certamen continental. Pero había alguien que sin duda se jugaba mucho más durante esa tarde de diciembre y con los colores blancos y celestes adheridos a su pecho. Lisandro López, el gran capitán y último ídolo vigente, pisaba el césped del Cilindro por última vez tras haber anunciado que ese partido ante Godoy Cruz de Mendoza sería el último que disputaría en el club. Sin dudas no era un partido más. Ni para Cecilia, ni para Martín, ni para Licha, ni para nadie.

El vínculo entre el matromonio y Racing a nivel institucional no era nuevo. A principios de 2020 y gracias al legado invaluable que había mantenido a lo largo de décadas el abuelo de la mujer, Don Dionisio Irurtia, el club puso sumar a su Archivo Histórico un aporte invaluable: una donación de variados números de Memoria y Balance de distintos años y décadas que no se encontraban en las arcas racinguistas. Y en esta oportunidad se dio a cabo un nuevo encuentro entre ambas partes en la tarde en que para Avellaneda, para el Cilindro y para Racing no se jugaba un partido más.

La pareja llegó temprano a las inmediaciones del estadio. No era para menos. La enorme cantidad del público racinguista que se había congregado en el Cilindro para alentar a sus jugadores en un cotejo clave y, en especial, para despedir a su capitán, ocasionó que todos los accesos al estadio debieran llevarse a cabo con mucha antelación. Y el portón de ingreso al sector que cobija en su interior al Archivo Histórico esperaba por Cecilia, por Martín y por la pequeña Azucena, que a diferencia de su hermano Fidel, había podido acompañar a su padre y a su madre en la vuelta familiar al Cilindro.    

"Me tomé mi tiempo para hablar con mi tía e indagar más al respecto antes de traer esta nueva donación", contó como primera sensación la nieta de Don Irurtia antes de reafirmar que su compromiso con el continuo buceo en sus raíces racinguistas y de vida no se detendrá: "Pero obviamente seguiré investigando, porque todo eso forma parte de mi historia familiar", afirmó con decisión Cecilia antes de entregarle en mano al representante ocasional del Archivo académico una bolsa cerrada que contenía las ediciones de Memoria y Balance pertenecientes a 1936 y 1937, junto a un folletín oficial de la época con una convocatoria a Asamblea General Extraordinaria para la masa societaria. Pero el valor agregado a esta importantísima entrega radicó sin dudas en la cesión de un ejemplar de Memoria y Balance de 1944, que hasta el momento no se hallaba de nuevo puertas adentro del club. Sin temor a equivocaciones en la afirmación, no se trató de una entrega más.  

"Mi abuelo era administrativo en un almacén de ramos generales y siempre le interesó mucho lo relacionado con la contabilidad y la administración. Por eso suponemos que se hizo de estos libros de Racing. Él le comentó alguna vez a mi tía que lo que le interesaba ver de estas publicaciones que hoy les entrego era el crecimiento del club no sólo desde los logros deportivos, sino desde los aspectos específicos que se detallan en cada una de las Memoria y Balance que pudo obtener con el paso del tiempo", rememoró con mucha emoción Cecilia, mientras su marido y su hija coreaban por Licha López por lo bajo a la espera de poder ubicarse en las gradas antes del pitazo inicial. Y en relación a este amor que une a las generaciones bajo un mismo escudo, le resultó imposible a ella no continuar con el relato para explicarlo en relación a su abuelo. "Él era más un analista del deporte de Racing más que un hincha fanático sólo de la pelota, porque en su época la hegemonía del fútbol como el deporte más popular de nuestro país aún no era tal. Aunque luego con el tiempo si llegó a serlo. De hecho, tengo muy patente el recuerdo de haber festejado en 1988, a mis 9 años, en 1988, la obtención de la Supercopa junto a él. Y si bien en sus tiempos las distancias eran complicadas de cubrir, tenía un hermano mellizo que se llamaba José, también hincha de Racing, y que trabajaba en el ferrocarril, por lo que varias veces pudo viajar junto a él a Buenos Aires y ambos lograron ver juntos al equipo en el Cilindro".

Y antes de que llegara el tiempo del agradecimiento junto a la despedida antes de que la familia tomara posición de espectadora antes de la salida al campo de la Academia, justamente un último comentario de Cecilia quedó dando vueltas para poder entender realmente la importancia del resguardo histórico del patrimonio antiguo de una institución, en este caso de la nuestra, como la única manera de poder analizar, comparar y entender desde donde venimos y hacia donde vamos. "Mi tía algunas veces lo acompañaba a mi abuelo cuando él venía al Cilindro, pero ella se quedaba en una casa familiar que quedaba en Castelar. No iba a la cancha. En aquel entonces eso era cosa de hombres. Y no de hinchas, sino de señores que iban al estadio a ver a Racing vestidos con saco, camisa y mocasines. Mientras tanto, el resto de la familia se quedaba en la casa de los tíos", señaló pensativa la nieta de Don Irurtia. Luego tomó con una mano a la pequeña Azucena, agarró fuerte por el otro lado la mano de su marido y los tres juntos subieron por la escalera que desemboca en la platea.

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