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Vidas Racinguistas

La agenda futbolística de un precursor

Viernes 28 de Mayo de 2021
Roberto Santoro, el escritor que antes que nadie vinculó literatura y futbol, fue un apasionado hincha de Racing, como lo demuestran sus anotaciones sobre el Equipo de José. A casi 44 años de su desaparición por la dictadura militar, su vigencia se renueva con la decisión del Club de restituirle su condición de socio.
La agenda futbolística de un precursor
El cajón central del escritorio de Roberto Santoro guarda todavía un tesoro que logró sobrevivir al terror y a los años para dar testimonio de la pasión racinguista de su dueño. Mezclada entre los boletines del secundario, el carnet de la Alianza Francesa y las libretas de la facultad, un ejemplar de la Agenda futbolística 1966, editada por la empresa de bebidas alcohólicas Doble-V, resplandece con el aroma a gloria que desprenden las campañas inolvidables.   

La combinación de un artículo, un sustantivo común, una preposición y un sustantivo propio explica la razón por la cual Santoro decidió guardar esa agenda y no otras: El equipo de José. Siete centímetros de alto y cinco de ancho delimitan el perímetro en el que el autor de Literatura de la pelota –una obra que cambió la relación del fútbol y los libros en la Argentina- anotó de puño y letra el resultado de cada partido de aquel campeonato en el que la Academia arrasó. Tito Pizzuti le había despertado tanta fe como entrenador que el 19 de diciembre de 1965, en el último encuentro de la temporada anterior, después del triunfo de la Academia sobre Gimnasia por 3 a 1 en el Cilindro, les prometió a sus compañeros de tribuna que se avecinaban tiempos de alegrías. También se lo confesó a Dolores, su flamante esposa, que lo esperaba resignada en la quinta que les habían prestado para una luna de miel interrumpida por la cancha.   

En letra cursiva y con prolijidad deslumbrante, se lee “Roberto Jorge Santoro” en la tercera hoja de la agenda. A continuación, un par de milímetros por debajo, “Fraga 568 – 2º F”. Ahí, en la casa familiar del barrio de Chacarita, supo transformar su habitación en un archivo donde ejerció infatigablemente el oficio de recolector de historias y de recopilador puntilloso de datos. Ahí también aprendió, de la mano de su papá Salvador, a volverse hincha. “Roberto decía que los de Racing eran sentimentales y líricos, que dejaban todo por el equipo”, apunta uno de sus amigos de la adolescencia. Lo describe también otro testigo de su compromiso celeste y blanco: “Gritaba sin parar y discutía con su voz ronca. Se le agrandaban las venas del cuello por cómo se ponía”.  

El debut en el certamen de 1966 fue con victoria por 2 a 0 ante Atlanta. Aquel 6 de marzo, River, el principal perseguidor a lo largo de la temporada, cayó por 1 a 0 ante Rosario Central. Todo está registrado con birome azul en los casilleros correspondientes. En lápiz negro, hay pintado un circulito al lado del nombre de cada uno de los adversarios a los que Racing fue enfrentando. Con el mismo lápiz, se observa una cruz pegadita a los rivales con los que se fue cruzando el Millonario fecha a fecha. Fue justamente en el Monumental, en la cita por la jornada 26, que River le quitó el invicto de 39 partidos a los de Avellaneda. A esa altura, El equipo de José ya era toda una revolución. Literatura de la pelota, que vio la luz en 1971 y fue reeditado recién en 2007, ofrece constancia del fenómeno: “Cuando la hinchada de Racing puso en vigencia el famoso ‘Y ya lo ve’, surgieron en otras barras las variantes del caso con el que se vivaba o vituperaba a una persona o a un club”.  

"¿Cómo se hace un Santoro?  

¿De qué sabia redoma  

                               o manso disparate  

salió este apedreador de verdeolivas,  

este organizadísimo  

juntador de alhelíes, consignas y volantes?”. 

Así, emoción pura, versificó el escritor Humberto Costantini, compañero de militancia de Santoro, sobre el hombre que trazó con especial énfasis en la Agenda futbolística de 1966 los dos ceros que le dieron forma al empate frente a Gimnasia que sentenció el título. Neneca, que encontró semejante documento mientras revolvía papeles tratando de dar con el carnet de socio de Racing de su hermano, ratifica que hay mucho de cierto en eso de la locura de Toto por proteger la identidad de su club y del fútbol, o sea, por cuidar las cosas centrales de la vida.   

El 1 de junio de 1977, en el contexto de un genocidio que masacró a 30.000 personas, Santoro fue secuestrado por una patota de la dictadura en la escuela en la que trabajaba como preceptor. Poco antes, había hablado del mañana en una carta que terminaba así: “Igual se sabe el final de esta historia, que no será, por otra parte, el final de la historia, sino su contribución hacia el futuro”.   

Que Racing le restituya su condición de socio, como resolvió en marzo pasado la institución, certifica que sabía bien de qué mañana hablaba.   

Que otro de sus tesoros aparezca a pocos días de cumplirse 44 años de su desaparición es una nueva muestra de que siempre, siempre, siempre, la memoria estalla hasta vencer. 

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