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Vidas Racinguistas

Eterno en la memoria

Miércoles 11 de Mayo de 2022
Siempre presente, a 48 años de su asesinato a manos de la Triple A, la figura y obra del padre Carlos Mugica renuevan su vigencia. Racinguista apasionado, su nombre estuvo entre las 46 personas a las que el club, en un hecho histórico, les restituyó la condición de socio y socia a fin de de 2021.
Eterno en la memoria
Su nombre, impreso en uno de los 46 carnets distribuidos en una mesa colocada en el campo de juego, resumía el significado del acto histórico realizado por el club el martes 7 de diciembre de 2021. Aquella tarde generosa de emociones y de legítima reivindicación, Carlos Mugica quedó consagrado como uno de los socios eternos, que recobraron su condición hasta el fin de los tiempos. El sacerdote que hizo de la ayuda al prójimo un compromiso existencial, fue una de las víctimas de la política de exterminio desarrollada desde el Estado a mitad de la década de 1970 que, por su fuerte vínculo con Racing, recuperó su vigencia como asociado.

Siempre de lado de los excluidos, a contrapelo de un origen social sin angustias, su opción siempre representó una certeza. A 48 años de su asesinato a manos de un grupo parapolicial -porque el genocidio de la dictadura militar, a partir del 24 de marzo de 1976, fue precedido por los crímenes de organizaciones paraestatales, como la Triple A, desde dos años antes-, su testimonio se renueva con fortaleza. Por el contexto social y económico de dificultades extremas y porque su acción se corporizó más allá de las palabras: "Debo actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia".

El padre Mugica había nacido el 7 de octubre de 1930 y fue acribillado por la organización paraestatal Triple A -así lo estableció la Justicia hace nueve años- el 11 de mayo de 1974, luego de haber celebrado misa en la iglesia San Francisco Solano, en Villa Luro. Su obra se renueva cada día en su parroquia, Cristo Obrero, en plena Villa 31. Y su voz por los más necesitados jamás perderá volumen.

Julián Scher, en su libro Socios Eternos -recientemente editado-, recrea aquella jornada de diciembre último a partir de las experiencias y recuerdos de familiares y afectos de los 46 socios, socias e hinchas homejeados. El capítulo dedicado a Carlos Mugica se titula Renacer, con este emotivo texto:

Ricardo Capelli vio morir a su amigo Carlos Mugica acribillado a balazos por la Triple A. Ahora lo ve renacer una vez más en el campo de juego del club del que se enamoró de pibito. Ya es casi de noche cuando agita su mano derecha como si estuviera en la tribuna. “Como a los nazis, les va a pasar”. El Cilindro escucha lo que no está acostumbrado a oír: la música de una memoria no futbolera. Capelli se suma al coro con lo que le queda de voz. Sabe que la lucha a veces regala instantes de profunda justicia.

Isabel Cullen empuja los brazos hacia el cielo como si estuviera celebrando un campeonato. El barbijo le cuelga de una oreja. Los dedos en V, de un lado; el carnet de Lucía, su hermana, del otro. Dos identidades que explican de quién se está hablando. Isabel también entona el grito sagrado: “Adonde vayan los iremos a buscar”. Está al borde de las lágrimas. 

Carlos y Lucía se conocieron en el barro de la Villa 31. “Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre”. Mugica dixit. Carlos le enseñó a Lucía que de fútbol también están hechos los seres humanos. Ella intentó que el Loco Corbatta aprendiera a leer y a escribir. Justicia social incluso para los ídolos. Él ya había estado en Escocia viendo la primera final de la Intercontinental frente al Celtic en 1967. Cuenta Diego Ortiz Mugica, uno de sus sobrinos, que su tío mostraba con orgullo el carnet de asesor espiritual del club. Desde el 7 de diciembre de 2021, es también socio eterno. 

Hay una foto de Lucía plantada a la altura de la panza de Isabel. Los mismos ojos achinados. La misma forma de los pómulos. Imposible negar que son lo que son. Lucía sonríe en la foto desde lo mejor de su adolescencia. Así luce en el carnet que vuela casi dos metros por encima del césped. “Inolvidable”, alcanza a pronunciar Isabel. La extraña en cada puesta del sol desde el 22 de junio de 1976. Capelli cree, cree mucho: “Seguro que Carlos anda en este momento saltando y cantando con la hinchada”. 

Suele asegurarse que nadie muere mientras permanezca en la memoria de su gente. Hay quienes, además, renacen en cada batalla. Esos son los imprescindibles.

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