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Efemérides

Balay, la categoría de un campeón

Martes 28 de Septiembre de 2021
Vistió nuestra casa a lo largo de seis temporadas y no conforme con ese gran privilegio, tuvo el honor de salió campeón en 1958. Fue un mediocampista central de gran clase, que generó apalusos en todas aquellas personas que disfrutaron de su fútbol al servicio de la Academia. En un nuevo aniversario de su partida física, Racing lo recuerda con afecto.
Balay, la categoría de un campeón
Nuestra historia no empezó ayer y por lo tanto merece ser contada. Para saber quién es uno y hacia dónde va uno es fundamental conocer su propia historia; en especial cuando es tan rica y gloriosa como la de Racing. Y nuestra institución, con 118 años de vida, posee un pasado repleto de gloria, que tuvo a lo largo de tantos años a símbolos que forjaron la identidad colectiva del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

La pisaba y la pasaba. La movía y aparecía por un lado y por el otro, en su área y en la del contrario. Ese tipo que sí que jugaba. Sabía gambetear y sabía quitar y sabía atacar y sabía defender. Arnaldo Balay era simplemente así: se divertía teniendo la pelota en sus pies y se comprometía cuando la manejaba el rival. Nacido el 2 de septiembre de 1928, se había vuelto futbolista en los potreros de la zona de Valentina Alsina. Orgullo socio ilustre de Peñarol, el club de su barrio, llegó a Racing en 1952 y se quedó exponiendo su elegancia en el Cilindro durante seis temporadas. Sucesor de Inocencio Rastelli, obtuvo el reconocimiento de compañeros y de adversarios con absoluta justicia. A todos maravilló con su audacia y con su creatividad  en el campo. 

Palito, como se lo conocía por su delgadez, fue campeón. No podía ser de otra manera. En 1958, dirigido por José Della Torre, fue el mediocampista central -a veces se desempeñaba también como defensor- de un equipo que gozaba con una delantera brillante. Mientras Balay quitaba, equilibraba y repartía, Oreste Corbatta, Juan José Pizzuti, Pedro Manfredini, Rubén Sosa y Raúl Belén se cansaban de hacer goles. En total, con la camiseta celeste y blanca, disputó 117 partidos y nunca fue expulsado. Su fuerte no era convertir y, en eso al menos, los números no mienten: hizo un solo gol jugando para la Academia, frente a Platense en 1954. 

Tuvo su oportunidad en la Selección a partir de grandes actuaciones en el plano local. Formó parte del plantel que conquistó el Sudamericano de Chile 1955, donde el conjunto nacional se consagró invicto y con Balay en el once inicial. Defensor de un estilo vistoso, convencido de que estar en una cancha era una oportunidad para pasarla bien, dijo alguna vez públicamente: “Jamás le di una patada a alguien. Yo gambeteaba y gambeteaba. A veces me agarraba Dellacha y me puteaba porque estaba adelante de la línea del arco y salía jugando desde ahí. Lo hacía bastante seguido”.  

El 28 de septiembre de 2006, a los 78 años, Palito falleció dejando un gran recuerdo en el público racinguista. Hoy, en un nuevo aniversario de su fallecimiento, la Academia enaltece su figura para que las nuevas generaciones no lo olviden. Es lo que se merecen nuestros ídolos.

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